sábado, 14 de febrero de 2009

San Cipriano II








Felicia y Marta tienen el honor de ser las primeras buscadoras de oro con las que me topé en mis pocos años de vida. Con solo un recipiente, una vianda de almuerzo, una amistad y un saber que tienen entrenado desde chicas, sacan algunos centesimos de gramos diarios, que despues venden a los bancos o a joyeros que pagan según las fluctuaciones del dolar. Primero se excava entre las grandes piedras del fondo del río. Con la mano y con el agua se van quitando las que más molestan hasta ir tamizandose y quedando en el centro las rocas más densas, entre ellas los minimos filamentos que cada tanto quedan brillando en un agujero al interior de la madera. Además de darme cuenta de que estuve bañandome en oro toda la mañana, aprendí lo ridiculo que me resulta contradecir lo valioso con lo sagrado.

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