sábado, 14 de febrero de 2009

Medellin II

"Ahora tienes algo nuevo para escribir" me dijo con la voz quebrada, apenado con el hecho de que una pasajera de su taxi lo vea llorar. Había 70 años en sus arrugas y un cansancio que solo conocen los que han vivido lo suficiente. Ese fue su último viaje del día, porque debía ir al aeropuerto a despedir a su hija y sus dos nietas que partían para España. De cinco hijos, todos se los había llevado la división internacional de esperanzas (engranaje central del sistema que hace girar este planeta a una velocidad que nadie alcanza). Esa era la última vez que las iba a ver, y yo quería decirle lo contrario, pero ambos sabíamos que tenia razón. Hablaba de sus buenas épocas sin necesidad de convencerme de que realmente lo fueron y no dejaba de repetirme lo afortunado que fue por encontrar a la mujer que fue también su compañera de vida. Nunca te cases, me dijo, nosotros no pasamos por la iglesia y así de bien nos fue....si la hubieras visto como se desvivía por sus hijos. Hace cuatro años que Ruth murió y en su lecho de muerte le hizo prometer que iba a seguir adelante cuando ella se vaya. Por eso en vez de estar sólo y encerrado en un departamento, anda manejando su carro, levantando cada tanto muñecas argentinas e historias en varios idiomas, en una ciudad que también es mujer y se deja contar.

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