Viento en la cara
Barro entre los dedos del pie
Un oceano se desnuda ante mi piel
Una chispa del sol se instala ahí donde terminan mis pestañas
Todo es posible
De nuevo: Todo es posible. No con la rapidez con la que se llega al punto de la frase ya hecha, sino de la forma que te lo dice una buena canción. Con la urgencia que imprime la tristeza de un desamor. Con el grito inhumano de un paisaje abrumador.
La claustrofobia esta ahí donde murió el vértigo. Tirandome de la montaña aprendí que para evitar el mareo hay que saber usar la inspiración profunda. Jugando a girar hasta sentirme una esfera es que entendí que cuanto más segura estoy de que la tierra me espera donde siempre, más divertida es la sensación de poner a prueba su existencia. Todo es posible, porque el mundo te espera. Así como el viajero esta protegido porque tiene la certeza de que lejos y cerca aguarda la paciencia de un hogar, de una puerta y de una madre. Por más vueltas que éste mundo de, por más vueltas que uno de, la noción de que existe y existo porque yo decido que exista y que existí, es tan real como la temperatura del suelo donde se entrega el cuerpo agotado de tanto girar. Y desde ahí abajo el cielo pierde referencia, los ojos solo leen un desafio en borrador, la atmosfera no recuerda su grado de densidad. Y entonces percibo que no me asusta habitar este mundo incontrolable porque de todas formas si puedo controlar mis músculos para mantener la mirada y sonreir ante el. Y entonces vuelvo a recordar que todo es posible. Y si la palabra Todo nos resulta desmedida por abarcar de lleno el angulo visual de nuestra mirada, pensemos lo vertiginoso que resulta los Todos que existen por detras de la cabeza, por debajo, por encima.
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