Una maderita escondida en su cuarto decía: Sara, del hebreo "princesa". Seductora, emotiva, irresistible. Yo agregaría que es más dulce que el bocadillo de guayaba y tan cálida como lo dibuja su rostro. Más colombiana que el café y mas bonita que las flores de Medellin. Sari, mis ojos expresivos dicen lo que no sé ocultar: la magia no la tiene el mago sino el espectador que cree en ella aún sabiendo el secreto del truco. A la orden princesa.
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