jueves, 6 de agosto de 2009

Que llevas en tus espaldas? II


Al contrario de lo que  podría pensarse, viajar sola es absolutamente lo opuesto  a la soledad. Los extraños se tornan historias propias y la piel deja de creerse barrera para convertirse en una esponja. El Otro, el afuera, el planeta, se desnuda en una masa amorfa de luz y movimiento, un océano que te sostiene por encima y por debajo, y deja que le des forma, que lo acaricies, que lo revuelvas con ganas, porque para eso flotamos. Sentir la conexión es como si descubriese por primera vez la existencia de la tercer dimensión, como si advirtiese incrédula la forma en la que el aire suspira cada vez que estiro el brazo  y atravieso mil capas de vida condensada. No es posible tal cosa como el vacío, la ausencia del espacio. En el momento en que entiendo que soy parte de un todo, la soledad queda humillada por el resto de las palabras.

Al contrario de lo que podría pensarse, viajar sola es absolutamente lo opuesto a la vulnerabilidad. Creo que hay dos tipos de mecanismos de defensa que todos necesariamente desarrollamos. Por un lado vamos aprendiendo a poner ladrillos a un muro imaginario cuya función es recordarnos donde está el límite, hasta donde exponerme sin correr el riesgo de tener que enfrentarme con esa zona pantanosa que aún no se cómo manejar, y entonces es preferible que nadie se entere de que existe. El otro camino es llegar a brillar tanto al punto de que no hagan falta muros. Cuando una estrella se expande no hay oscuridad que se anime a penetrarla y no hay luz que no quiera acompañarla. Cuando camino por las calles del aquel pueblo extraño con el pecho en alto y apoyando toda la planta del pie, soy capaz de generar en cada paso un temblor que transforma automáticamente las caras de peligro de los otros en humanidad que grita para ser escuchada. Creo que para encontrar el botón que nos haga estallar, hace falta tener el coraje de zambullirse en el pantano, mostrar la manos embarradas a otro ser humano para que nos haga ver que se trata tan solo de agua y tierra mezclados: Claro que todos somos contradictorios, porque el mundo es una contradicción materializada, y la paradoja, su madre creadora. Pero hasta donde yo se, la falta de certezas nunca fue razón suficiente para impedir que este planeta siga respirando.

Viajar sola es comprar un seguro de por vida: la capacidad de ser feliz vive dentro del propio cuerpo. Es comprobar una y otra vez que la sensación de paz prolongada definitivamente no depende del lugar, del momento, ni de la persona que tengo al lado. Si pude sentirme fuerte necesitando tan sólo de mi alma y mis ganas, ¿ Qué me hace pensar que en el futuro, pase lo que pase,  no pueda volver a conectarme con esa habilidad? Como me dijo una vez una mujer sabia, “hay dos tipos de personas: las que vienen a este mundo esperando ser amadas, y las que simplemente vienen a amar”. Creo que lo primero es lo más parecido a la Dependencia, y lo segundo, a la Libertad.



Viajar es volver a jugar. El sentido de cualquier juego se basa en el hecho de no saber el final. Si sé el desenlace, no disfruto del proceso, y pierde su gracia. El misterio es la magia del desafío. El juego es el único momento en el que estamos legitimados para crear sin ser juzgados. A los chicos se los evalúa en el aula y se les permite volar en el recreo. Si supieran los maestros los cuentos que se escriben en los patios!  No hace falta saber de ortografía para convertir un palo de escoba en un caballo. Y cuando el proceso creativo es colectivo, se comprueba una vez más que el resultado es mucho más que la suma de las partes. El viaje es un recreo gigante lleno de nuevos amigos con las mismas ganas de compartir pedazos de imaginación. Hay que poner el cuerpo para traducir la mente, y entonces poder deducir que si jugando con extraños pude inventar comunidades mágicas ¿ que me hace creer que juntos no podemos cambiar el mundo?

Viajar es saberse con la tranquilidad de estar justo en el lugar donde tenías que estar, enfrentando lo que tenías que enfrentar, conociendo a la persona que tenías que conocer, para aprender lo que tenías que aprender. Así de evidente, todo el tiempo. Y la conclusión también es evidente: no hace falta irse físicamente de viaje para vivirlo, tan sólo creo que la mochila te ofrece un camino más corto. Va de nuevo:


Viajar es una actitud,

ser feliz es una decisión,

amar es lo único real.

3 comentarios:

Unknown dijo...

No podes escribir tan bien, me siento identificada c mucho lo que decis!!!
Sobre todo con el final!!Quiero estar en recreo durante toda mi vida!!!

Kenia dijo...

sabia cati. enhorabuena.....te quiero
kenia

Anónimo dijo...

conoci tu blog por pao luttini
trabaje con ella en las leñas
ahora no dejo de leerlo!!
estoy haciendo una promo durante 12 laaaaaaaaargas horas y me ayudas muchisimo a acortar el tedioso tiempo de shopping!!!!
tenes una nueva leyente y sobre todo seguidora!!!
:)
cariños